10 abril – 16 mayo 2026
Madrid
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La primera vez que escribí la frase que da título a la exposición fue en el mantel de papel de un bar cerca de mi estudio, mientras un plato combinado se fraguaba en sus indolentes cocinas. Recorté el trozo de papel con la mano y salí a la calle veraniega y vacía como quien ha robado algo que nadie más ha visto y guarda dentro de sí la alegría de un descubrimiento secreto. Son estas frases extrañas, que uno apenas entiende al principio y que sin embargo están como rodeadas de una seguridad, como si en su extrañeza ellas se supiesen ciertas y le dijesen a uno: “ya lo verás”. Yo estaba en esos días pintando estrellas, y no tuve duda de que ya lo vería. La frase parecía decirme “nada puede salir mal”, “el mundo es feliz”, “el paraíso es de todos”, y todo ello es muy atrevido para un haiku chapucero garabateado en un mantel de papel aceitoso.
Había empezado a pintar estrellas porque necesitaba esperanza y no la tenía. A veces uno pinta lo que querría tener y no tiene, y entonces la pintura es una invocación, un amuleto, un exorcismo. Pintar como un gesto devocional o una ofrenda a fuerzas desconocidas. Una estrella es un lucero en la oscuridad, una guía, una ayuda inesperada que aparece en el peor momento. Verlas caer es símbolo de desgracia, como si esas fuerzas benefactoras o angélicas hubiesen librado un gran combate en las alturas y hubiesen sido derrotadas, y tras su caída nuestro destino estuviese sellado. En cambio, se dice que quien sueñe con un cielo estrellado bien puede contar con un cambio a mejor de su situación, que hasta ese momento habrá sido desesperada.
Las estrellas contienen una promesa del más allá, del reverso de la vida. Es como si cuando las cosas aquí van mal allí fuesen bien, como si cuando la vida aquí se complica hubiese un lugar que, debido a eso, es como un hotel de cinco estrellas. Ese lugar es infinitamente distante y a la vez está tan cerca como el reflejo de un espejo. De ese lugar viene la esperanza de los vivos, ese lugar es un hotel donde la fecha de partida siempre se alarga un día más, donde las sábanas nunca se despliegan, donde nadie sabe como dormir. Es el hotel donde va toda la humanidad gratis, y al que llamamos muerte por resumir. Las cinco estrellas que he pintado para esta exposición son la esperanza de que ese hotel exista, o la certeza de que esa frase que recibí venía de alguien que está allí.
Aldo Urbano